Pasado, presente y futuro de la violencia contra la mujer
Nieves Macchiavelli [1]
Aspiramos vivir y poder sentar las bases futuras de una sociedad igualitaria, libre de violencia contra la mujer[2].
Sin embargo, y como punto de partida, tal grandiosa aspiración requiere el abordaje de diferentes aspectos. Entre ellos, la sensibilización, el reconocimiento y la profunda comprensión de cuáles han sido las causales generadoras del sometimiento histórico en el que se ha visto inmersa la mujer. Así, diremos que, como consecuencia de decisiones basadas en procesos sociales y culturales que han beneficiado al varón hasta la actualidad, la mujer se ha visto, y se ve colocada con el correr de los siglos, en una profunda desigualdad social en comparación con el varón. Ello, sin más, ha sido “el padre de la criatura”, en el sentido que se ha ido gestando un modelo monstruoso de sociedad que ha avalado la violencia estructural de género hacia la mujer pues, como lo señalara Millet, “existe un estrecho vínculo entre desigualdad de género y violencia” (Pérez Fernández, 2014: Cap. I, ap. 1.7).
Si pudiéramos establecer una línea evolutiva del problema, podríamos decir que, la desigualdad desencadenante de la violencia, ha tenido el siguiente esquema multidisciplinario:
Primero. La violencia no es producto de la naturaleza: somos seres sociales y culturales. Como tales, los seres humanos hemos aspirado patrones socio- culturales desde el mismo momento del nacimiento. Desde dicho acontecimiento, se nos han transmitido e inculcado modelos desiguales de convivencia basados en diferenciar al hombre de la mujer. Para ello, diferentes aspectos han colaborado en la creación de etiquetas y de roles asignados a partir de considerar la superioridad del hombre y el sometimiento de la mujer: “El patriarcado”, arma psicológica potente que permite apoyar su legitimidad en la naturaleza (Pérez Fernández, 2014: Cap. I, ap. 1.2).
¿Sus consecuencias? El condicionamiento de la vida misma, tanto de la mujer como del hombre.
Segundo. La antropología y la sociología nos hablan del patriarcado y han estudiado el origen de la construcción de la autoridad del hombre en la familia como punto de partida de la autoridad y del poder en el grupo social (Pérez Fernández, 2014: Cap. I, ap. 1.2).
Tercero. La mediación cultural ha hecho lo suyo. Así, desde la literatura tradicional de la que hoy nos enorgullecemos, la filosofía, la mitología, las religiones e incluso, la ciencia, han cumplido un rol preponderante en la construcción de la desigualdad de la mujer frente al varón (Pérez Fernández, 2014: Cap. I, ap. 1.3, 1.4 y 1.5).
Cuarto. El sistema jurídico también ha servido para legitimar patrones sociales de sumisión femenina. Sin ir más lejos, “La declaración de los derechos del hombre y del ciudadano” es una clara muestra de ello. Tanto así que, en la época, María Gouze, más conocida como “Olympia de Gouges”[3], se alzó con el primer documento no oficial reclamando la versión femenina de dicha declaración de derechos proponiendo la igualdad de la mujer. Fue ella quien, en plena revolución francesa, se animó a escribir “La Declaración de los Derechos de la Mujer y la Ciudadana” en tanto, la primera declaración, consistía en leyes dirigidas a los hombres como tales y no a las mujeres.
Su proyecto no tuvo éxito y, lo que sigue, es una lenta historia de peregrinaje encaminado hacia los derechos de las mujeres que han reclamado que se incluyan, también en las normas, el reconocimiento expreso de derechos de igualdad hacia las mujeres.
Colofón: Hemos acordado, aun sin quererlo, un modelo de comportamiento desigual causante de uno de los peores flagelos sociales: la violencia contra la mujer.
Stuart Mill fue uno de los pensadores que más pugnó por erradicar la idea de que la dominación de un sexo por otro era algo natural, proponiendo la educación y la libertad como únicos caminos posibles para acabar con esas ideas insostenibles (cito a través de Pérez Fernández, 2014). Y, si bien la idea es compartida, lo cierto es que la educación ha sido, precisamente, uno de los factores determinantes que han contribuido al modelo desigual. Por tanto, en el presente y hacia el futuro, constituye un gran desafío y una gran responsabilidad establecer cuáles son y serán los criterios multidisciplinarios mediante los cuales hemos de construir, también con la educación, un modelo neutro de sociedad igualitaria.
Notas
[1] Abogada (UBA). Magíster en Administración de Justicia por la Universidad Secretaría General a cargo de la Secretaria Judicial del Ministerio Público de la Ciudad de Buenos Aires.
[2] La violencia contra la mujer es un flagelo mundial. Según ONU MUJERES, se estima que el 35% de las mujeres de todo el mundo ha sufrido violencia física y/o sexual por parte de un compañero sentimental o violencia sexual por parte de otra persona distinta a su compañero sentimental (estas cifras no incluyen el acoso sexual) en algún momento de sus vidas. cifras disponibles en http://www.unwomen.org/ es/what-we-do/ending- violence-against- women/facts-and-figures.
[3] Una de sus frases antes de morir fue “La mujer que tiene el derecho de subir al cadalso (guillotina), también debe tener el derecho a subir a la tribuna”. El 3 de noviembre de 1793 fue guillotinada.
© Copyright: DPI Cuántico |